Esteban, no podía dormir y cuando esto pasaba, él escribía Pero no la clase de cuentos o novelas en la que una familia sale de camping, felices contando anécdotas ni la de triunfadores. Esteban escribía horror, lo mas retorcido de su imaginación. Desgraciadamente todo este terror le venía a la mente bajo la influencia de la cocaína y el alcohol.
Los días pasaron, solo un hobby un pasatiempo ante su adicción. El decía -mejor esto que pajearme durante 3 horas-. Publicó sus cuentos, tuvo cierto reconocimiento… pero él era infeliz y cocainómano.
Un día su suerte empeoro aún mas, su mujer contrajo cáncer. Su horror, su mente se retorcía más aún y su adicción era insostenible.
Dejo a su mujer bajo el cuidado de su hija, su única hija que lo odiaba y eso alimentaba su infelicidad. Una noche, de desvelo luego de consumir tres gramos decidió ir a un pub. Desde hace una semana su mujer ya estaba con los días contados. Esa noche ideas retorcidas recorrían su mente y pedían por favor que sean plasmadas en papel. Pero solo eran bebidas blancas la que llenaban el cuerpo de Esteban y por lo tanto su mente se iba perdiendo más y más entre cadáveres, pedófilos, y sangre. Poco a poco la gente aparecía frente a él como una imagen borrosa, salvo el extraño; el extraño pero no tanto… algo había en él, algo los conectaba. Ya la noche se terminaba y con ellos los tragos, la gente se iba yendo pero él seguía y se acercaba mas a donde Esteban se encontraba.
Luego de un par de horas, estaba a su lado abrazándole y diciéndole –vamos, amigo-
Por fin, salieron, enfilaron hacia el auto y el extraño se ofreció a conducir. Los autos pasaban por la carretera y encandilaban a Esteban, hasta que el último de una larga fila fue también el último que vio por un tiempo.
Amaneció, con el rostro sobre el teclado de su IBM, con la pagina en blanco solo por una sola palabra de tres letras: FIN.
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