Dicen que sucede una vez cada dos mil años. Es muy poco común. En época de la bula cristiana cremaron a uno. Pero de todo esto me enteré luego de los espantosos acontecimientos que comienzo a relatar en éste momento. Soy escritor de novelas de terror y suspenso, con cierto tinte “sangriento y asqueroso”. En mi cabeza, todas las noches miles de relatos, casi reales para mí suceden sin cesar y para mal de mi psiquis se repiten una y otra vez hasta que despierto agitado de la pesadilla.
Una vez al año mi mujer y yo decidimos escaparnos al sur y siempre mi mujer dice lo mismo,
- este camino del desierto me fascina…cuántas historias y hechos ocu-
rrieron en estas tierras –
“algo ocurrirá” se repite en mi cabeza y contesto: “creo que tu sueño de ser parte de ésta historia te llegará”.
Escribir es para mi como un escape, un opio para mi maldad interna. Aplaca y deshecha esas historias macabras como el borracho de estación de trenes vomita el licor barato en el inodoro.
Pero un día mi uno de mis relatos escapó. Maté a mi esposa de más de veinte puñaladas. Todo estaba ahí, en mi podrida mente y comencé.
Primero separar los miembros del tronco, y comenzar a cortarlos con una sierra en paquetes de 500 grs.
Mi mujer le encantaba el desierto y por eso decidi depositar todos los paquetes (hice el calculo exacto) en el camino del desierto a Bariloche, el que termina en colonia 25 de mayo.
Había un problema no podía mantenerme calmado quería asesinar y el próximo sería mi hijo. No lo pude soportar, gané y me ampute los brazos tirándome debajo del tren.
Hoy vivo una vida tranquila en el psiquiátrico amarrado pero mis pensamientos deambulan por los pasillos
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